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La ciudadanía europea, en horas bajas 25 años después de Maastricht

2 feb 2017
06h44
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El Tratado de Maastricht de 1992 introdujo en la legislación comunitaria la ciudadanía europea, una noción integradora que un cuarto de siglo después atraviesa sus horas más bajas en tiempos de creciente euroescepticismo y xenofobia en parte de la UE y sus socios históricos.

Aquel texto, conocido oficialmente como Tratado de la Unión Europea (TUE), garantizó que todos los nacionales de Estados miembros de la UE veían reconocido su estatus de ciudadanos europeos.

Supuso un cambio en la hoja de ruta de la UE, hasta entonces llamada Comunidad Económica Europea, que añadió una dimensión política a la naturaleza económica que la vio nacer y crecer.

El TUE reafirmó el derecho de los ciudadanos de la Unión Europea a "circular y residir libremente en el territorio de los Estados miembros" y a gozar de protección diplomática en aquellas naciones en las que su país de origen no tuviera delegación.

Reforzó, además, las competencias del Parlamento Europeo (PE) para convertirlo en el pilar encargado del control político del Ejecutivo comunitario y permitió que los ciudadanos europeos pudieran elegir y ser elegidos en los comicios municipales del país de la UE en el que residan, aunque no sea el suyo.

Maastricht, que entró en vigor en 1993 y fue modificado después por los Tratados de Ámsterdam (1997), Niza (2001) y Lisboa (2009), fue "el punto de partida" y "lo cambió todo", porque "facilitó enormemente la integración", explica a Efe la doctora Teresa Pullano, profesora de Estudios Europeos en la Universidad de Basilea (Suiza).

"En el momento en que volvamos hacia atrás en esos derechos, vemos el impacto que tienen", comenta Pullano, que incide sobre la inminente salida del Reino Unido de la UE y la incertidumbre que genera para los ciudadanos europeos residentes en ese país y los británicos afincados en los Veintisiete.

La ciudadanía europea emana de la condición de nacional de un Estado miembro, lo que explica que ante la expectativa del "brexit" en 2016 hubo 64.966 británicos que solicitaron y obtuvieron la nacionalidad irlandesa, alegando que sus antepasados provenían de ese país. Supone un 41 % más que el año anterior y a ellos se sumaron otros 67.972 norirlandeses, un 27 % más.

Aunque poco o nada se sabe con certeza sobre el futuro de los residentes europeos en el Reino Unido y viceversa, hay eurodiputados como el socialista español Ramón Jáuregui que piden que la UE exija el reconocimiento de la plenitud de los derechos de sus ciudadanos en Reino Unido "por retroactividad", y lo mismo a la inversa.

"Los ciudadanos tienen que pagar lo menos posible por una decisión políticamente grave", apunta Jáuregui.

Pero más allá del "brexit", y del golpe de timón que está dando Donald Trump a la política exterior estadounidense -que el presidente del Consejo Europeo, Donald Tusk, ha calificado como una "amenaza exterior" para la UE comparable a China, Rusia, las crisis en Oriente Medio o el islam radical- hay otros países de la Unión donde el euroescepticismo suma más adeptos que nunca.

Los sondeos de intención de voto dan como ganador en las elecciones holandesas del próximo 15 de marzo al ultraderechista Geert Wilders, mientras que las encuestas en Francia sitúan a su compañera ideológica Marine Le Pen como la favorita para la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas el 23 de abril.

Actualmente en los países de la Unión Europea "hay un debate público racista (...) que explotan partidos conservadores y xenófobos como el Frente Nacional francés", agrega Pullano, que no descarta que se genere un efecto "bola de nieve" a partir de las elecciones holandesas, las primeras de un año plagado de citas electorales mayores.

"El verdadero reto es Francia, que es un país central" en la construcción europea, agrega la profesora, que no se fía de las encuestas que dan a la líder gala de extrema derecha como perdedora en la segunda vuelta de las presidenciales, sea quien sea su rival.

"Todo el mundo decía que Trump no podía ganar y lo hizo. Ocurrió lo mismo con el 'brexit'", concluye.

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