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Pyongyang se vuelca en la diplomacia deportiva tras mostrar músculo militar

15 feb 2017
11h24
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Corea del Norte echó hoy mano de su mejor diplomacia deportiva para celebrar por todo lo alto el 75º aniversario del nacimiento de Kim Jong-il, totalmente ajeno al lanzamiento de un misil hace tres días y al misterioso asesinato del hermano del actual líder.

Con un festival de patinaje artístico cuajado de invitados y atletas extranjeros, como el campeón olímpico ruso Yevgueni Plúschenko, y un fastuoso evento protagonizado por el equipo nacional de natación sincronizada, Pyongyang dio hoy el pistoletazo de salida a los festejos del "Día de la Estrella Brillante".

Con la presencia del ministro norcoreano de Deportes, Ri Jong-moo, diplomáticos, turistas extranjeros o periodistas de medios occidentales y chinos, el Estadio de Patinaje de Pyongyang y la Piscina del Complejo de Actividad Física de Changwangwon acogieron ambas exhibiciones con llenos absolutos en las gradas.

Pese a la gran solemnidad y al tono épico y militar que rodea a estas fechas en Corea del Norte, hubo hueco para el desenfado y el humor, especialmente cuando un patinador canadiense y otro ruso aderezaron sus programas con el "Uptown funk" de Bruno Mars o el "Booggie wonderland" de Earth, Wind & Fire, para gran deleite del público norcoreano.

Este año, las celebraciones en torno al 16 de febrero, fecha en la que nació Kim Jong-il, el hombre que gobernó Corea del Norte con mano de hierro desde 1994 hasta su muerte en 2011, arrancan un día antes y concluyen el viernes 17 al tratarse de una cifra tan señalada.

Para resaltar la importancia de la efeméride el régimen ha potenciado su proyección internacional con estas exhibiciones deportivas, como ya hiciera con el partido de baloncesto al que asistió la exestrella de la NBA Dennis Rodman hace cuatro años o el extravagante torneo de lucha libre que acogió en el verano de 2014.

Así, los norcoreanos se han volcado con los fastos, completamente ajenos a la trama detectivesca en torno al asesinato del hermano del actual líder, que tiene estupefacto a medio mundo pero de la que no se ha informado aquí.

Pese a que continúan aflorando detalles de un suceso plagado de incógnitas, Corea del Sur, que técnicamente sigue en guerra con su vecino del norte, se ha apresurado a responsabilizar indirectamente al régimen que lidera Kim Jong-un de haber purgado a su medio hermano, Kim Jong-nam, hijo mayor del hoy homenajeado Kim Jong-il.

El hermético país también parece mostrarse indiferente estos días a la tensión desatada por el misil balístico de medio alcance que lanzó hace apenas tres días al mar de Japón y que deparó una nueva condena unánime del Consejo de Seguridad de la ONU.

El ensayo armamentístico se produjo además un mes y medio después de que el líder Kim Jong-un asegurara que su ejército está listo para probar un misil balístico de alcance intercontinental (ICBM) para acelerar el desarrollo de su programa nuclear.

Y aún así, en un momento en el que la comunidad internacional parece meditar nuevamente la activación de medidas punitivas que contribuyan a aislar aún más a Corea del Norte, el régimen Juché opta a su vez por echar mano de su cada vez más amplio programa de diplomacia deportiva para mantener vivos sus lazos con el exterior.

"Creo que (estos eventos deportivos) son útiles para mantener los vínculos entre Corea del Norte y personas de otros lugares, dado que existen relativamente pocas conexiones", explica a Efe Andray Abrahamian, director asociado de Choson Exchange, una ONG que forma a norcoreanos en materia económica y de emprendimiento empresarial.

Abrahamian recuerda en este sentido la llamada "diplomacia del ping-pong", la serie de partidos entre jugadores estadounidenses y chinos que acabó abriendo la puerta al deshielo entre Pekín y Washington en los años setenta.

"La diplomacia deportiva provee oportunidades para el intercambio diplomático, pero debe haber una voluntad política que permita aprovechar esta apertura, una voluntad que ahora mismo claramente no existe", remata Abrahamian.

El futuro de las relaciones que Pyongyang mantendrá con Seúl, Tokio o Washington está rodeado de incertidumbre ante la llegada al poder en EEUU de la Administración de Donald Trump, cuya estrategia para lidiar con el díscolo país es aún una incógnita, o el previsible cambio de Gobierno que tendrá lugar en Corea del Sur este año.

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