Mujeres dejan al desnudo actual crisis carcelaria en el país

Las madres de los reclusos están cansadas de hacer derechos de petición para dirigirse de manera respetuosa a las autoridades competentes, al director del Inpec y simplemente no las escuchan. Foto: Juan Carlos Millán / Terra Colombia
Las madres de los reclusos están cansadas de hacer derechos de petición para dirigirse de manera respetuosa a las autoridades competentes, al director del Inpec y simplemente no las escuchan.
Foto: Juan Carlos Millán / Terra Colombia
 

Un nutrido grupo de personas entre quienes se encontraban madres, esposas, hermanas e  hijas de reclusos detenidos en diferentes centros de reclusión se vieron obligadas a marchar desnudas con el fin de sentar una nueva voz de protesta ante la indiferencia del Gobierno Nacional frente a las múltiples irregularidades que se vienen registrando en todas las cárceles del país, donde el hacinamiento es el pan de cada día.

Desnudas y cubriendo su rostro con multicolores antifaces, las valientes mujeres no tuvieron otra alternativa diferente a la de marchar a lo largo de toda la Carrera Séptima desde la Torre Colpatria hasta la sede del Ministerio del Interior, con el fin de exponer algunas de las demandas respecto a la difícil situación que deben afrontar sus familiares, ante la curiosa mirada de los transeúntes que pasaban por el céntrico sector sobre las 11:00 de la mañana.

De acuerdo con Esmeralda Echeverry, vocera de la marcha “Cárceles al desnudo”, cansadas de que el Estado colombiano no les prestara atención a sus múltiples demandas, las manifestantes no tuvieron otro camino que el de marchar desnudas para expresar su rechazo al actual esquema penitenciario que deben padecer ellas mismas durante los días de visita.

''La política del Gobierno hacia cualquier persona que entra a la cárcel es de animadversión, de manera que los lugares de reclusión terminan convertidos en auténticos centros de tortura en los que la resocialización de los internos resulta imposible'', manifiesta Echeverry haciendo especial énfasis en la penosa situación por la que atraviesan la mayoría de los reclusos en un sistema en el que para obtener un trato medianamente decente hay que pagar una fortuna.

Ejemplo de la grave situación es la tristemente célebre cárcel de la Tramacua en Valledupar, donde hace 11 años no hay servicio de agua y miembros de la guardia ingresan a los patios encapuchados y arrojando gases de forma indiscriminada, muy a pesar de los anuncios que para mejorar semejante situación en la que hasta el año pasado se denunciaba como los presos solían arrojarse sus propios excrementos de un patio al otro como única forma de protesta.

''La cárcel de Valledupar es el paradigma del infierno en que están convertidas las cárceles colombianas; 40 grados de temperatura; total ausencia de agua; un régimen disciplinario que se asemeja a los métodos de tortura y un Gobierno que se muestra incapaz de tomar ningún tipo de decisión al respecto'', considera el representante a la Cámara y experto en la materia, Iván Cepeda, para quien en la actualidad se adolece de una política criminal y penitenciaria seria.

NI PAÑOS DE AGUA TIBIA

De acuerdo con los manifestantes, el Gobierno poco o nada está interesado en la resocialización de los presos, puesto que por el contrario, tener personas detenidas se ha vuelto un verdadero negocio por las altas tarifas de teléfono y multimillonarios contratos de salud que deben suscribirse para cumplir así sea formalmente con los mínimos requerimientos que sobre el respecto exige la legislación internacional y el mínimo respeto a los Derechos humanos.

Como si fuera poco, según explicó la vocera de la marcha, la situación en que se encuentran las mujeres no es mejor, puesto que se trata de madres cabeza de familia que tienen que mantener a sus hijos, de manera que como trabajar es imposible porque las actividades de resocialización son inexistentes, los pequeños terminan en manos de Bienestar Familiar.

Una persona que termine en prisión, alegan los manifestantes, de inmediato es enviada a otro lugar del país diferente al de su domicilio habitual, motivo por el cual muchos de los reclusos pasan años sin ver a sus seres queridos; sumado al hecho de que las autoridades no han tenido mejor idea que la de reubicar a antiguos miembros de organizaciones paramilitares y guerrilleras en los mismos patios, quién sabe si con la macabra intención de que terminen matándose unos a otros.

''A nosotros nos preocupa que en una situación tan grave de hacinamiento convivan personas que pertenecen o han pertenecido a diferentes estructuras militares armadas; en la cárcel de Bellavista de Medellín, por ejemplo, hay personas que pertenecen a 18 estructuras diferentes en un mismo patio'', sostiene Cepeda.

''A nivel nacional jamás ha habido una clasificación real de los internos, de manera que en un mismo patio conviven prisioneros políticos, personas detenidas por los más diversos crímenes y paramilitares”, explica Echeverry, para quien sin embargo tampoco es claro so los antiguos miembros de estructuras paramilitares deberían tener el status de prisioneros políticos. “¿Tú por qué me pones en estas?'', es su respuesta.

Actualmente cerca de 115.000 personas permanecen recluidas en los diferentes centros carcelarios del país, y aunque el Gobierno ha anunciado que la situación de los presos va a mejorar, la verdad es que se trata de promesas que solo pretenden ocultar el grave problema.

Recintos carcelarios con apenas 10 meses de inaugurados como el de Guaduas tiene la tasa de suicidios más grande del país, seguida de los problemas de hacinamiento que ya son costumbre en Medellín y Bogotá.

''Esta situación ya ha sido denuncia por la propia Corte Constitucional y es un estado de permanente degradación en el que las cárceles no solo atraviesan una situación muy difícil sino que en las actuales circunstancias solo puede empeorarse'', afirma Cepeda. 

''Las madres de los reclusos están cansadas de hacer derechos de petición para dirigirse de manera respetuosa a las autoridades competentes, al director del Inpec y simplemente no las escuchan; son una voz en el desierto cuya dramática situación las ha obligado a tener que desnudarse'', puntualiza el parlamentario para quien la actual crisis carcelaria es una verdadera bomba de tiempo.

Terra