»

 Diego Felipe odiaba las armas: padres de joven grafitero
07 de febrero de 2012 06:27 actualizado el 07 de febrero de 2012 a las 21:31

'Él siempre pintaba la firma de tripido, la mano haciendo el gesto de la paz, y su gato”, comentan Liliana Becerra y Gustavo Trejos. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

"Él siempre pintaba la firma de tripido, la mano haciendo el gesto de la paz, y su gato", comentan Liliana Becerra y Gustavo Trejos.
Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

Juan Carlos Millán Guzmán

Los padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón, dentro de un caso que ha llamado la atención de la opinión pública por las extrañas circunstancias en que se produjo el hecho, así como los virajes que ha tenido un proceso que ha pasado por la justicia penal civil y militar.

BOGOTÁ SEGURA

Liliana Lizarazo recuerda que la noche anterior al homicidio su hijo no cabía de la dicha porque al parecer tenía planeado volver a encontrarse con una antigua exnovia que vivía en el barrio Pontevedra, con quien tenía planeado salir a pintar unos grafitis en compañía de otros amigos al caer la tarde del viernes, día previo a la clausura del mundial juvenil Sub 20 y durante jornada nocturna el comercio se extendería hasta altas horas de la madrugada.

“Se supone que la ciudad iba a estar mucho más segura y por esa misma razón es que los muchachos deciden aventurarse a pintar grafitis”, explica la señora, quien recuerda que su hijo había sido ya reconvenido por la Policía hacia noviembre de 2010 por hacer uno de sus grafitis en la Calle 80 con Avenida Ciudad de Cali; motivo por el cual permaneció retenido en el CAI de Tabora y fue entregado a sus padres luego de explicarles los riesgos que corría y las posibles sanciones a las que se veía expuesto.

“Así debió proceder el policía el día que decidió dispararle a mi hijo y no como lo hizo esa otra noche”, manifiesta doña Liliana para quien la actitud de su hijo hacía parte de la irreverencia propia de cualquier muchacho de su edad, reconociendo que sin embargo Diego Felipe nunca se comportó como un vándalo o cosa parecida. “A veces yo misma le firmaba unos permisos para autorizar que pintara en unas paredes que conseguía con su profesor de artes y sus amigos”, sostuvo para reconocer que otras veces pintaba sin permiso y de manera ilegal.
 
“Él siempre pintaba con la firma de tripido, la mano haciendo el gesto de la paz –que como cosa curiosa comenzó a hacer desde los tres años- y su gato”, recuerda Gustavo Trejos, padre de Diego Felipe, coincidiendo con su señora en que el tiempo que debía dedicar a sus estudios tampoco le permitía pintar grafitis de manera exclusiva, aparte de que luego de un intenso tira y afloje se le dio vía libre para hacer sus pequeñas obras de arte sobre las paredes de su propia habitación como una forma que encontraron sus padres para que evitara el riesgo de hacerlo en la calle.

“Lo que dicen los muchachos que pintan grafitis es que sentir esa descarga de adrenalina que produce la calle no es lo mismo que estar en la casa y por eso salía”, explica doña Liliana insistiendo en que su hijo siempre pintó figuras inocentes sin ningún tipo de mensaje o leyenda, porque ese tipo de cosas prefería expresarlas en otros espacios como el Facebook.

“Yo no necesito armas porque si sé usar mi voz tengo un ejército en mi alma que se llama amor”, comenta la madre de Diego Felipe asegurando que ese fue el último estado manifestado por su hijo en la popular red social, tomado de la letra de una famosa canción de rap; género que el muchacho tenía entre sus favoritos junto al Hip Hop, y de los que incluso alcanzó a producir dos canciones de su autoría en un equipo casero que permanece en su cuarto.

“Era increíble la cantidad de niñas que lo querían”, comenta la señora tras escuchar una de las canciones que le compuso Diego a una niña que le gustaba, al tiempo que recuerda su temperamento de adolescente enamorado. “Es que eres tan bonita; magnífica figura, Dios sabe que eres todo locura”, se escucha como telón de fondo en el computador del padre de quien habría podido ser un talento para la producción musical.

ITINERARIO DE UNA NOCHE FELIZ

“Ellos tenían planeado ir a la 85 y al otro día por la tarde yo estaba trabajando y a mí me entró una llamada en la que me decía que estaba esperando a uno de sus compañeritos que luego estuvo con él cuando el policía le disparó”, comenta la señora recordando que su hijo solo quería volver a ver a la joven con la que estuvo saliendo durante algún tiempo, aunque no tenía planes de volver con ella. Finalmente la afortunada pretendida no se presentó ese día.

La noche de viernes transcurrió de manera normal para los Trejos Becerra, hasta que a eso de las 10: 40 de la noche recibieron una llamada en la que el amigo de su hijo les comunicaba que a Diego le había disparado un policía y que el propio patrullero se había encargado del traslado de un agonizante Diego hasta la Clínica Shaio, mientras que él había decidido permanecer en el puente de la Calle 116 con Avenida Boyacá, donde decidió esperarlos.

Según recuerda doña Liliana, su hijo y uno de sus mejores amigos se encontraron en la casa de Diego Felipe ese viernes hacia las 7:30 de la noche para tomar rumbo hacia el norte por la Avenida Boyacá hasta la otra casa, donde permanecieron hasta pasadas las 8:00 p.m., desde donde a pesar de que al comienzo tenían previsto tomar un taxi decidieron caminar porque esa noche les fue imposible lograr encontrar un servicio diisponible.

Tras salir de la casa donde acordaron encontrarse, el recorrido continúa hacia el norte junto con una joven y otro amigo del grafitero por el sector de Pontevedra pintando una serie de grafitis con el motivo que más le gustaba a Diego: la imagen del gato Félix, acompañada de la palabra feliz, porque eso era lo que la imagen representaba para él, no sin antes pasar por una cigarrería en la que compran una botella de whisky de la que apenas tomaron un par de tragos porque se les terminó rompiendo durante el recorrido, según  afirman sus padres.

¡AHÍ VIENE UNA PATRULLA!

A la altura de la 116 con Boyacá, Felipe y sus amigos observan que viene una patrulla de la Policía mientras se encuentran pintando; de manera que salen corriendo para atravesar la avenida a la vez que uno de los agentes se baja del vehículo y emprende la persecución a pie, y el otro uniformado se dispone a hacer el retorno para poder darles alcance en la patrulla.

Tan pronto cruzan la calle, la niña se detiene pero el patrullero que va corriendo insiste en perseguir a los otros dos jóvenes de manera que hace un tiro al aire provocando el pánico de los tres, quienes proceden a atravesar la calle 116 con dirección norte, para meterse en un callejón. Uno de ellos se devuelve y Felipe decide esconderse detrás de un árbol.

Cuando uno de los amigos se da cuenta de que el policía está detrás de él se detiene y acepta que se le practique una requisa; circunstancia que es advertida por un celador que da cuenta de la ubicación de Diego Felipe al patrullero, quien arma en mano procede a inspeccionarlo. -Él no está haciendo nada porque el que está pintando soy yo-, le dice el menor mientras le muestra ambas manos revestidas de un color azul intenso.

“Ellos se van con el policía, hablando, pero el amigo de Diego se queda un par de pasos atrás. De un momento para otro Felipe voltea a mirar al amigo el policía también, y Felipe comienza a correr. Ahí es cuando le dispara. No sabemos qué hablaron ni qué pudo ocurrir”, explican los padres del menor asesinado a escaso metro con 80 de distancia del patrullero, destacando que el trayecto andado junto al patrullero no pudo ser mayor a los 10 o 12 pasos.

EL HOSPITAL

Una vez en la Clínica Shaio, don Gustavo recuerda haber visto una inusual cantidad de uniformados entre quienes reconoce a un teniente y 12 policías, mientras que el celador del centro médico les informa respecto a la identidad del patrullero que llegó con Diego Felipe, haciendo hincapié en su extrañeza porque ninguno de ellos quiso hacer el respectivo informe -que es de carácter obligatoriuo-, así como en que todos los uniformados estaban muy nerviosos.

Pese a que el amigo de Diego reconoce al patrullero que minutos antes ha disparado contra él, al identificarlo el uniformado se limita a decirle “¿Y si así fue qué?”. Ninguno de los otros policías dice o hace nada y todos se apartan del lugar en el que se encuentran los padres del menor.

Posteriormente don Gustavo y doña Liliana se trasladan a urgencias, y el médico encargado les pregunta si su hijo ha estado jugando billar porque tiene las manos y las uñas pintadas de azul. -¿Cómo está?- inquiere la señora, a lo que el doctor le responde que Diego recibió un impacto de bala en la zona lumbar de la espalda que le comprometió su columna.
 
Circunstancia ante la cual don Gustavo confirma sus sospechas de que su hijo quedará inválido porque el amigo encargado de informarlos respecto a la gravedad del hecho ya les había puesto en conocimiento de que el joven había recibido un tiro en su espalda.

–No señor, lo siento mucho pero él ya falleció; tardamos 40 minutos tratando de revivirlo pero desafortunadamente llegó sin signos vitales y no se pudo hacer nada-, les informó el médico permitiendo el ingreso a otra sala de los dos padres y el mejor amigo de Diego.

DUDAS SIN RESPUESTA

Debido a la trayectoria de la bala, que extrañamente sale a la altura del hombro, los padres se comenzaron a hacer una serie de preguntas a las que se les contestó que a su hijo se le había disparado cuando se disponía a tomar impulso para correr o cuando estaba cayendo luego de tropezar con un andén o una irregularidad del terreno.

Don Gustavo sale de la sala, se queja con un mayor de la Policía y le exige que se investigue el caso, para regresar y constatar por el propio testimonio del médico que a su hijo le han disparado a pocos metros de distancia; circunstancia que ocasiona una reacción mucho más fuerte y un reclamo más airado en contra del oficial, a quien le hace saber que la persona bajo su mando no solo es un cobarde que disparó a Diego Felipe por la espalda, sino que además lo hizo a quemarropa.
 
Puesto que las dudas persisten, los padres del menor resuelven volver al lugar donde sucedió la tragedia el cual está acordonado de manera irregular y en el que permanecen dos coroneles y un capitán de la institución policial hablando con el asesor jurídico junto a otros seis uniformados y dos abogadas de la institución quienes los instruyen sobre las declaraciones que deberán rendir del caso ante la Fiscalía.

De vuelta en la clínica, dos agentes del CTI les preguntan si Diego o sus amigos podrían haber llevado armas esa noche porque se encontró una de tipo calibre 22 sterling junto con un casquillo de bala en el lugar donde cayó el menor, de la que hasta entonces no se había tenido conocimiento. No obstante, a pesar de que a partir de entonces comienza a circular la versión de que el grafitero y sus amigos cometieron un delito nunca los detuvieron ese día ni ha pesado sobre los tres jóvenes sobrevivientes orden alguna de captura desde entonces

“Lo que sucede con esa arma es que como está dañada cuando se va a montar la bala esta no entra en la cámara y se debe levantar el martillo para introducirla, además de que una vez se dispara la vainilla queda adentro y toca sacarla con ayuda de algo; de manera que la pregunta que hoy se hacen la Procuraduría es quién sacó la vainilla”, comentan los dos padres.

Preguntas a las que se suma el que más de un testigo puede dar fe de que cuando recogieron a Diego Felipe no había nada más en el piso y se escucharon disparar otros tres tiros en inmediaciones del humedal que hay cerca del lugar donde ocurrió el homicidio hacia la 1:30 de la madrugada.

UN ESTUDIANTE ALEGRE

Visiblemente emocionada, la madre de Diego Felipe lo recuerda como un estudiante ejemplar que por aquél entonces estaba dedicado a preparar sus exámenes ante el Icfes, acompañado siempre de un buen humor y temperamento incorregibles que eran tal vez de sus principales características. 

“A veces tenía sus encontrones con profesores porque él le sacaba chiste a todo y se la pasaba tomando el pelo a toda hora desde que estaba pequeño”, recuerda la madre del joven quien recuerda una vez en la que estudiando el preescolar las profesoras decidieron enviarlo a la sala de párvulos porque al parecer había cometido una pilatuna.

Cuál no sería la sorpresa de las maestras al escuchar que los niños que se encontraban con Diego Felipe no paraban de reír, mientras que el pequeño les cantaba a la manera de Miguel Mateos parado sobre una silla, dejando desarmadas a las maestras.

“Cuando se descuidaba y le iba mal nosotros lo presionábamos para que volviera a levantar su nivel académico y se dedicara a estudiar en vacaciones”, asegura la madre del menor de 17 años, recordando que a pesar de su reticencia para concentrarse en ciertos libros de texto, Diego Felipe era un muchacho a quien le gustaba la literatura en general.

Sigue a Terra Noticias en tu móvil en m.terra.com.co

Sigue también en tu tablet a Terra Noticias por tablet.terra.com.co

Terra
  1. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  2. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  3. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  4. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  5. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  6. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  7. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  8. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  9. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  10. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  11. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  12. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  13. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  14. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  15. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  16. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  17. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

  18. Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón. Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia

    Liliana Becerra y Gustavo Trejos, padres del joven grafitero Diego Felipe Becerra recordaron la trágica noche del 19 de agosto de 2011 en el que su hijo fue asesinado en extrañas circunstancias por el patrullero de la Policía Metropolitana de Bogotá, Wilmer Alarcón.

    Foto: David Felipe Rincón / Terra Colombia