Jaime Pérez es un afectado más del invierno en Bogotá. Criado de forma católica y casado con una mujer perteneciente a los Testigos de Jehová afronta de la forma más positiva la desazón que dejó el agua en esta época de fin de año.
Foto: David Felipe Rincón
Las pérdidas materiales son lo de menos, lo importante es la salud. O por lo menos así lo contempla Jaime Pérez, un damnificado de la inundación del barrio Alameda del Río, en la localidad de Bosa.
Él asegura que desde que tenga vida y fortaleza las cosas que se perdieron podrán ser recuperadas. Todo indica que la inundación no lo tomó totalmente por sorpresa pues desde que le fue entregada su casa, hace cuatro años, esta es la tercera emergencia similar a la que se enfrenta, igual que sus vecinos.
Criado de forma católica y casado con una mujer perteneciente a los Testigos de Jehová, Jaime afronta de la forma más positiva la desazón que dejó el agua en esta época de fin de año.
Luchar y ‘hacer de tripas corazón’ es la fórmula para salir de la crisis en la que los dejó el invierno. “No es la primera vez que pierdo plata, tal vez por eso no me dio tan duro. Si me caigo, me levanto nuevamente”.
Igual que Jaime, sus vecinos están optimistas y tienen la esperanza de que la crisis culmine pronto.
La unión, uno de los factores más importantes a la hora de confrontar la emergencia, es más que notable entre los vecinos del sector.
Entre bromas y risas, tratando de mitigar los bajonazos de ánimo, los damnificados anuncian un banquete con ‘toda esa carne’, refiriéndose a las miles y miles de lombrices que el agua sacó a la superficie. Con asco, pero también con carcajadas, las señoras responden a los comentarios.
Se ha pasado el día y les llegó la hora del almuerzo, a pesar de que muchos de ellos aún no habían desayunado. La colaboración de la comunidad aledaña ha sido clave para la alimentación de los afectados quienes, pese a la situación, afirman que no les ha faltado la comida.
No obstante a los momentos de risas, en los rostros de cada uno hay visos de preocupación, pues sus casas, avaladas en 34 millones de pesos, requieren de mano de obra urgente y, como si fuera poco, hay quienes necesitan tratamientos médicos para la piel, pues las infecciones, una semana después de ocurrida la inundación, han comenzado a afectar la salud de los habitantes de la zona.
Con la esperanza intacta y las ganas de resurgir, los habitantes de Alameda del Río esperan medidas de precaución por parte del Distrito para evitar futuras emergencias y dejar de ser la noticia del invierno en otros años.
Mientras tanto “preparemos ‘calentao’ con toda esa carne”.
- Terra


