Colombia

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02 de mayo de 2013 • 12:18 • actualizado a las 16:06

Fidel Castaño Gil, macabra versión criolla de Rambo: perfil

Considerado como el más pendenciero y sanguinario dentro de la familia Castaño, Fidel es visto por algunas de su círculo más íntimo como una persona fina y refinada, que además entendía de arte y cuyo mecenazgo ayudó a salir del anonimato a grandes artistas.
Foto: Archivo / Terra Colombia

Considerado como el miembro más sanguinario y cruel de la temida casa Castaño, la ambición sin límites de Fidel Antonio Castaño Gil lo lleva a internarse en las minas de oro de El Bagre, Remedios, Segovia, y Zaragoza, en procura de salir de la difícil situación económica por la que atravesaba su familia, humildes campesinos de Amalfi cuya extrema pobreza hizo que Fidel, Vicente y Carlos debieran hacer la primera comunión con el mismo vestido.

Cansado de las fatigas y privaciones de unas minas en la que la fortuna le es esquiva, el mayor de los Castaño le pide $ 2.000 pesos prestados a un carnicero amigo de la familia, Efraín Ruiz, con el fin de trasladarse a Medellín y probar mejor suerte en la capital de Antioquia, ciudad en la que se dedica a adulterar aguardiente, robar plantas eléctricas, motobombas, caballos y carros; actividades en las que comenzaba a descollar el nombre de Pablo Emilio Escobar Gaviria, con quien el novel delincuente traba amistad en 1977.

Radicado en Israel durante algunos meses, Castaño comienza su larga relación con antiguos militares de ese país, por lo que es considerado uno de los principales responsables de echar a andar esa auténtica máquina que sembró la desolación y la muerte en los campos del país, luego de contratar una serie de mercenarios israelíes, quienes hacia 1988 llegarían a Colombia con el fin de entrenar a los miembros de lo que luego se conocería como las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc), y la misión específica de acabar con cualquier organización legal o ilegal vinculada a la izquierda, a la par de apropiarse de grandes extensiones de tierra propiedad de humildes campesinos a quienes expulsan a sangre y fuego.

Bajo la fachada de supuesto especialista en obras de arte, que por entonces era una de las formas más comunes de lavar los multimillonarios ingresos provenientes del narcotráfico, Castaño se traslada a París  con el fin de establecer vínculos con las principales galerías de arte que también cuentan con sucursales en ciudades como Nueva York; ciudad en la que el connotado galerista, quien entonces podía ufanarse de que el famoso pintor Oswaldo Guayasamín lo retratara, logra vender por una suma hasta entonces impensable uno de los primeros cuadros de Fernando Botero.

Como si se tratara de un moderno Jekill, la personalidad de Fidel Castaño parecía una cuando estaba en la ciudad de Medellín, en la que solía estar impecablemente vestido con ropa importada desde Europa a la par de degustar de una impresionante colección de vinos seleccionados, y las espartanas condiciones de vida que imperaban en sus fincas de Córdoba y Antioquia, algunas de las cuales eran reconocidos centro de adiestramiento de las futuras estructuras paramilitares, en las que incluso estaba prohibido el uso de aire acondicionado o contar con señal de televisión.

Corre el año de 1981 y Fidel Castaño es dueño ya de una considerable fortuna producto de rentables actividades ilícitas relacionadas con el narcotráfico; motivo por el cual unas Farc obsesionadas con tomarse el poder a cualquier precio deciden secuestrar a su padre, Jesús Antonio Castaño González, por quien pese a pagar varios rescates, el capo termina enterándose de que lo han matado de un tiro por la espalda, debido a que al parecer el señor se negó a continuar internándose en el monte mientras el jefe de la escuadra no dejaba de increparlo tachándolo de ''oligarca hijueputa''.

El hecho desató la cólera ciega de Fidel Castaño, quien tras negarse a pagar un nuevo rescate para la entrega del cadáver -''Nunca he tenido esa plata y si la tuviera algún día, sería para combatirlos a ustedes''-, para emprender una auténtica cacería humana contra todos a quienes consideró que estaban implicados en la muerte del patriarca de la mano de Carlos, quien para la época contaba con apenas 15 años de edad.

La estela de sangre en procura de borrar del mapa cualquier tipo de vestigio de las Farc y cualquier movimiento que oliera a comunismo se extiende por todo Amalfi y el municipio de Segovia, donde el capo se había hecho con un bar, hasta llegar al departamento de Córdoba donde la familia adquiere la tristemente célebre finca las Tangas, uno de los principales escenarios donde se adelantan algunas de las más crueles torturas y ajusticiamientos, mientras que la mansión de Montecassino, situada en el exclusivo sector de El Poblado en Medellín se convierte en su vivienda y cuartel general.

De temperamento violento e irascible, Fidel Castaño matizaba su perfil de narcotraficante y despiadado asesino con una fachada que hasta el día de hoy algunos de sus más cercanos allegados asocian con una  vida de lujos y excentricidades, en las que los Castaño solían darse ínfulas de grandes conocedores de arte y hombres de mundo de gustos refinados, amantes de la buena mesa y los autos de lujo, configurando el perfil de lo que las clases medias y de la alta sociedad colombiana definían con cierto dejo de soberbia e ínfulas de grandeza llamaban con el despectivo apelativo de  ''nuevos ricos''.

LOS PEPES

Tras más de una década de delinquir al lado de Escobar, quien por entonces era uno de los principales financiadores del grupo armado ilegal a efectos de que se le garantizara su seguridad y la de laboratorios y cultivos, a la par de facilitar el tránsito de droga, los Castaño deciden romper cualquier tipo de vínculo con el capo, tras el ajusticiamiento de sus socios comunes Fernando Galeano y Gerardo ''Kiko'' Moncada, en la cárcel de La Catedral, donde el capo permanecía recluido en medio de las más inverosímiles y relajadas medidas de seguridad para garantizar su custodia.

Hecho que tendrá como inmediata consecuencia el que Escobar se decida a fugarse y marcará el inicio de una de las más violentas guerras de que el país tenga noticia entre el Cartel de Medellín y una alianza de consecuencias nefastas entre algunos sectores de la Policía y las Fuerzas Armadas, el Cartel de Medellín y la casa Castaño, quienes a su turno conforman un grupo que se conocerá como los Pepes o Perseguidos por Pablo Escobar, quienes inician una persecución contra el capo que se prolongará hasta el 2 de diciembre de 1993.

''Los Pepes tienen su sede y su centro de torturas en la casa de Fidel Castaño localizada en la Avenida El Poblado, cerca al Club Campestre y con otra entrada por el barrio El Diamante, a escasos cuarenta metros de una casa incendiada a uno de mis familiares'', escribe Pablo Escobar el 29 de abril de 1992, al fiscal general de la nación, Gustavo de Greiff.

Paralelamente, tras la llegada del mercenario israelí Yair Klein al país con el auspicio de los Castaño y ganaderos de la región de Puerto Boyacá azotados por la guerrilla, se comienza librar una nueva guerra en la que de acuerdo con el propio testimonio del exmilitar llegan a involucrase algunos sectores de la sociedad civil y hasta el Departamento Administrativo de Seguridad (DAS), entonces bajo la dirección del polémico general Miguel Maza Márquez, dando inicio a una de las etapas más oscuras del país, con un saldo de decenas de miles de muertos o desplazados y cuatro candidatos presidenciales asesinados: Luis Carlos Galán, Jaime Pardo Leal, Bernardo Jaramillo Ossa y Carlos Pizarro Leongómez.

Sindicado como uno de los autores intelectuales de la muerte de Pardo Leal y Jaramillo Ossa (quienes por aquella época eran los candidatos presidenciales del partido de izquierda Unión Patriótica, el cual fue víctima de una brutal campaña de sistemático exterminio con más de 3.000 personas asesinadas), Fidel Castaño ha sido también señalado como responsable de las masacres de Segovia, Mejor Esquina, y El Tomate, entre algunas de las muchas en que los paramilitares comenzaron a ser temidos por su violento accionar no desprovisto de una sevicia fuera de cualquier proporción que pueda ser considerada como humana y asemeja a sus miembros con unos animales brutales que hicieron de la muerte una diversión y de matar un vicio.

Hechos desarrollados todos bajo la discreta sombra de Fidel Castaño, quien para entonces ya era conocido como ''Rambo'', y cuyo solo nombre era sinónimo de desolación y muerte, quien para 1993 y tras una arremetida no menos salvaje y brutal por parte de las Farc en el Urabá antioqueño, decide reactivar un grupo de paramilitares que lograron expulsar del departamento de Córdoba a miembros del Ejército Popular de Liberación (Epl).

Comenzaba una tenebrosa operación de retoma y ''pacificación" que aún hoy es recordada como una de las más sangrientas en la recurrente espiral de violencia que ha visto esta convulsionada región del país, considerada como uno de los principales corredores para la salida de droga e ingreso de armas.

Considerado como el fundador de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu), Fidel Castaño comienza a perfeccionar entonces una estrategia de guerra con la que pretende hacerse al poder absoluto del país, mediante la sistemática erradicación de cualquiera que pueda oponerse a sus grandilocuentes caprichos y bajo la fachada de una lucha contra el yugo de la subversión que legitimará su causa y terminará convirtiéndose en la principal bandera ideológica de su movimiento.

Consolidación que sin embargo nunca legaría a ver realizada puesto que termina siendo asesinado por una facción de la disidencia del Ejército Popular de Liberación (Epl) a comienzos de 1994, dejando en su hermano Carlos su tenebroso legado.

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