Bogotá

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15 de mayo de 2012 • 09:37 • actualizado a las 10:38

Hare Krishna, 32 años de yoga en tierras del Sagrado Corazón

En el templo Hare Krishna de la calle 32 con avenida Caracas venden comida vegetariana a bajo costo.
Foto: David Felipe Rincón

Una ensordecedora sirena de ambulancia atrapada en un trancón se suma al trueno de dos buses de TransMilenio que pasan a toda velocidad. Un taxista golpea, irritado, el volante de su vehículo detenido desde hace ya varios minutos, mientras otro conductor parece decidido a matar a alguien, sólo si tuviera un arma en la guantera. Son las 6:00 p.m. y el desespero vial que se vive justo a un andén de distancia parece no afectar la paz de quienes llegan al templo con una sonrisa del tamaño de una papaya partida, repartiendo un "Hare Krishna, hermano" a todo el que se encuentran.

Es viernes y como todos los días sobre las 6:30 p.m. los devotos se disponen a hacer unos emotivos cánticos previos a lo que será una especie de meditación para llegar a la unión del amor. A eso es a lo que se le llama Bhakti Yoga, acompañado por canciones, oraciones y mantras en sánscrito, en los que se basa todo el proceso de ser Hare Krishna.

Para ver las fotos de la ceremonia en gran formato haga clic aquí.

"Tu puedes ser una ciudadana común, lo importante es que seas una ciudadana consiente", me repite Stoka Krishna, encargado del Sri Sri Gaura Nitay, el templo Hare Krisha más grande y antiguo de Bogotá. Un abogado, por ejemplo, puede ser Hare Krisha, pero su nueva moral lo obligará a defender penalmente a personas que hagan el bien e incluso tener muy buenas razones para estar del lado de su defendido.

Los viernes se acerca a la iglesia mucha gente que no está vestida con trajes indios tradicionales, incluso mujeres con el cabello suelto y niños pequeños. "La gente nos acepta mejor ahora", dice. Y es que ha sido un proceso lento -32 años tiene el templo- en un país donde Cristo y su corazón en forma de corazón dibujado, es el mesías. ¿Por qué salen a la calle a cantar? Según dice, eso va sanando la mente y el corazón de las personas que los escuchan, y que repiten su "Krishna Krishna Hare Hare. Hare Rama Hare Rama Rama Rama, Hare Hare", así sea sólo por juego.

- ¿Así es Dios? le pregunto mostrándole un montaje de Jesús cargando un becerro, que tienen hecho a manera de mini volante que los visitantes pueden tomar.  Incluso un habitante de calle ha pedido uno para guardarlo junto a sus otros tesoros. Stoka Krishna explica que es un una campaña de sensibilización para los católicos, para que no coman carne, porque su Dios también amaba a los animales.

En lugar de la barba, los ojos claros y el pelo rubio, el dios que los Hare Krishna tienen dibujado en decenas de cuadros por todo el templo tiene los ojos grandes, es moreno y está muy joven: parece el protagonista de alguna película de Bollywood. No es lo mismo acudir a un Dios viejito y de barba que a uno que esté en la flor de la vida y con ganas de hacer de todo, asegura. Claro que en últimas, Dios es uno sólo "sino que todos tenemos formas de verlo y nombrarlo diferente. Nosotros le decimos Krishna".

Así las cosas, cualquier persona puede ser devoto Hare Krishna si cumple con cuatro requisitos a los que no todos están dispuestos a renunciar, y que tampoco son tan alejados de lo que pide una iglesia cristiana, por ejemplo.

Algo no negociable es que son vegetarianos estrictos: no carne, no huevos, no leche. "No sólo porque respetamos a nuestros hermanos menores, los animales, sino porque quienes manejan las industrias del ganado no le hacen bien a la humanidad", explica Stoka Krishna, quien asegura que si las personas vieran cómo muere una vaca o tuvieran que matarla ellas mismas, dejarían de comer carne de inmediato.

Stoka Krishna adoptó ese nombre, como todos los que se unen a la creencia, de una forma conciente. Y se lo cambian porque "nosotros creemos en la conciencia y recibir un nombre que adquieras conscientemente es parte importante del proceso, un nombre que entiendas, adoptes como propio y con el que te identifiques. Las palabras existen y hay que saber usarlas".

Lo segundo y tercero que debe aceptar quien quiera unirse al proceso es que no debe fumar ni usar ningún tipo de drogas, así como tampoco acercarse a los juegos de azar. Desde la lotería hasta el parqués cuentan, "porque también generan adicción".

Lo último, y en esto podría estar de acuerdo con casi todas las iglesias de occidente, es que se exige castidad hasta el matrimonio. "Hacer el amor busca un fin y es la reproducción, y ese fin sólo debe buscarse con su esposo o esposa".

LA ROPA, LOS CANTOS

Esta es una religión traida desde la India. Llegó a América por un misionero llamado Swami Prabhupada y a Colombia por un devoto suyo llamado Gurumaharaj, de quien también hay fotografías en diferentes puntos, y es el guía espiritual de quienes acuden al templo.

No siempre, pero suelen usar un tipo de ropa especial, hecho de unas telas de cinco metros, porque son más fáciles de lavar, son tradicionales de la india y se acomodan muy bien a climas cálidos o fríos. Es como una gran envoltura con un sólo súper retazo de tela.

La ceremonia que llevan a cabo los viernes es especial porque mucha gente acude a ella, incluidos nuevos devotos en busca de una religión que se ajuste a su conciencia y estilo de vida. Se llama Aratik y significa adoración. Normalmente la hacen todos los días en la mañana y en la noche, y empieza con entusiastas cantos dirigidos por quienes estén en un nivel más alto de meditación y oración. Esta noche todos los que tienen instrumentos y el poder del canto son hombres: ellos y las mujeres están separados durante el canto, "porque estamos naturalmente atraídos, y este es un momento de adoración, de concentración con Dios".

Cada uno llega, toca una campanilla con la que le anuncian a dios la entrada en su casa. Luego van pasando fuego  en un pequeño candelabro con cuatro mechas de mantequilla y cada uno pone su mano, la calienta y luego se la acerca a la frente.

Más tarde una mujer se acerca con una flor que simboliza el éter, mientras todos bailan y cantan, y se la da a oler a cada uno. Les pone agua en la cabeza y todo el tiempo huele a incienso y con eso, los cinco elementos fundamentales del universo están presentes durante la ceremonia.

Los cantos podrían durar horas, pero esta noche han durado sólo una. Se van calmando de entusiastas ritmos en sánscrito, acompañados por bailes, saltos y gritos de júbilo, hasta quedar todos calmados, sentados, repitiendo mantras que un líder espiritual dirige. Estos mantras son superiores y ayudan a quienes los repiten a alcanzar una cercanía con Dios. Todos sonríen, nadie está cansado de estar sentado en el piso frío del templo, en últimas están en el momento perfecto: frente a frente con Krishna. 

 

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