La novena se reza todos los días y le corresponde a patios distintos estar en el festejo.
Foto: David Felipe Rincón / Terra
La medianoche llega a las 9:30 pm en la Cárcel El Buen Pastor. Hasta esa hora los guardias dejan tener música a todo volumen para que las reclusas puedan bailar y hacerse el ambiente en Navidad y en la noche vieja. Estas dos fechas que llenan a los colombianos de nostalgia por lo que perdieron, se vive con intensidad en la prisión de mujeres de Bogotá, donde el deseo unánime es que el Niño Dios o el año nuevo les traigan la libertad.
Una de las canciones que más les duelen a las internas es 'El hijo ausente' de Pastor López, donde toda la familia brinda por un hijo que no está pero que seguro el próximo año llega a acompañarlos. Cuando la orquesta que les llevaron a las del patio 3 para festejar el quinto día de novenas empieza a cantarla, más de una rompe en llanto y aunque ya los cantantes se han dado cuenta del error, no pueden parar en la mitad. Entonces ellas, maquilladas y arregladas porque es día especial, no saben si reírse de los chistes flojos del apuesto cantante, o seguir llorando porque va a ser otro año lejos de la casa.
¿Por qué no bailan? "Yo estoy muy triste, hace 7 meses unos hombres sacaron a mi hijo de la casa y no se ha vuelto a saber nada de él", responde una mujer de unos 55 años, ya con algunas canas en la cabeza y tres años cumplidos en la cárcel, sin haber sido condenada por un delito menor.
La historia de "quisiera disfrutar la Navidad pero no puedo" se repite casi 1.950 veces en la prisión de mujeres de la capital. A algunas ya no les importa, como a Andrea Becerra*, quien ha pasado 12 diciembres en la cárcel, desde que fue condenada por secuestro. Le falta uno, éste.
Ya se sabe la rutina navideña de memoria y la repite como enumerando ingredientes para hacer el almuerzo: las que tienen hijos los reciben entre las 8:00 am y las 3:00 pm. Algunas les tienen regalos hechos por ellas en los talleres de arte que les brindan en la cárcel, otras comparten una comida que traen sus familias desde afuera y aprovechan para pasar tiempo con los pequeños, jugando o paseando por el patio.
A las 3:00 pm tienen que pasar por el drama de la despedida en una fecha donde todas quieren estar con sus hijos, y entonces están infinitamente tristes un par de horas y sin ganas de hacer nada, hasta que deben bajar a comer, bien vestidas como lo dice el reglamento, nada de pijamas, ni de chanclas para levantarse.
Comen pierna pernil, con algún arroz especial y tal vez ensalada. Casi todos los años es igual, asegura Andrea, ahora líder de la biblioteca de la cárcel. Y a todas las dejan irse para sus patios a poner música.
Desde ya tienen permiso para escuchar música hasta las 7:30 de la noche. Ponen de todo lo que está de moda y bailan entre ellas. El 24 y el 31 el permiso es hasta las 9:30 pm, momento en el que cada una debe volver a su celda y esperar a que llegue la medianoche, encerradas.
"Algunas hacen chicha y se medio emborrachan con eso", explica, aunque el consumo de licor, así sea preparado por ellas mismas, es ilegal dentro de la cárcel. "Pero qué más hacen, hay que celebrar", bailando unas con otras porque los únicos hombres que hay o son guardias o tienen menos de 3 años y están ahí metidos mientras su mamá paga la condena.
DE NOVENAS Y PESEBRES
El aire en la cárcel por estos días parece tener un pesado olor a tristeza. Aún así los líderes se esfuerzan por hacer concursos y eventos para alegrarlas, aunque no tengan un éxito abrumador. En el colegio de la cárcel cada Clei (Cliclos Lectivos de Educación) hizo un pesebre con cosas reciclables para participar en un concurso. Todos van a ser exhibidos en la iglesia del barrio Tabora.
También hay concurso de mejor patio adornado. Aunque Terra no pudo constatarlo, se rumora en los pasillos que es el número tres el que está más bonito y es el que ganará un premio que todavía se desconoce.
Habrá concurso de ‘Yo Me Llamo’ (imitadores) donde ya participan dos Shakiras, una Ana Gabriel y hasta una norteamericana que está en el patio de extranjeras hará de Whitney Houston. Hay novenas todos los días y alguna vez de postre les darán buñuelos con natilla, así sea un pedacito.
Esos dos días y en los que tienen novenas, de todos modos se maquillan y se peinan, porque saben que les va a tocar pasar la Navidad encerradas por un crimen del que pueden ser o no culpables. En estos tiempos de reflexión y de reencuentro, ellas festejan en una familia hecha a las malas donde sólo hay mamás, hijas, tías, hermanas, primas embarazadas, abuelitas a quienes ya les cuesta trabajo caminar y cientos y cientos de sobrinas. El único deseo más que regalos y salud, es que el otro año sí lo celebren en la casa.
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