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19 de junio de 2012 • 09:45 • actualizado a las 17:28

El metalmecánico que se hizo famoso haciendo a Don Quijote

Javier ha decidido agregar a su técnica colores vivos, por petición expresa de sus clientes.
Foto: David Felipe Rincón
 

Sin saberlo, el caballero hidalgo Don Quijote de la Mancha, 400 años después de haber sido creado por Miguel de Cervantes Saavedra, inspiró a Javier Vargas, un forjador bogotano, que en las frías calles del barrio Diana Turbay en la capital lo utilizó como elemento clave para descubrir sus dotes de escultor. Este artista se ha convertido en el diseñador predilecto del director Gustavo Bolívar, quien en su hotel 'Paraíso' ubicado en Giradot tiene más de 20 de sus figuras exhibidas.

Desde pequeño Javier soñó con trabajar en escultura y dibujo. Jamás pudo estudiar una carrera que le permitiera pulir sus cualidades artísticas, pero aún así nunca paró de explorar e imaginarse cómo sería su vida si pudiese plasmar sus pensamientos y explotar su imaginación.

“La vida es dura”, murmura, mientras intenta hacer una rana con chatarra que yace en el piso de su taller. Por la dureza de la vida tuvo que abandonar su sueño prolongadamente y dedicarse a trabajar en los oficios de la metalmecánica, sin imaginarse que esto ayudaría medianamente a convertir su ilusión realidad.

En ocasiones cuando no había nada qué hacer en la empresa de metalmecánica donde trabaja fundiendo y soldando maquinaría pesada, Javier recolectaba los desechos de metal que inundaban el piso de la bodega y creaba zapatos, muñecas, sombreros y otros objetos fáciles de diseñar, según él, que le permitían pulir sus técnicas, “aprendidas en la universidad de la vida”, dice.

Su familia era la que más le tenía fe. Una mañana su sobrina Johanna lo sorprendió con la visita de Roberto Acuña, un hombre que sin lugar a dudas cambiaría la vida de Javier. Este personaje se dedicaba a vender figuras en el mercado de las pulgas, ubicado en la calle 24 con carrera Séptima. Ese día Vargas le enseñó un indio que había forjado con láminas de acero, que estuvo guardado con recelo en su casa por más de dos años. Sin embargo, aquel señor le recomendó que convirtiera a ese indio en don Quijote de la Mancha, pues quería llevarlo a vender a su negocio.

En ese momento una delgada línea separaba a Don Quijote de la Mancha de un indígena  y a Javier de ser metalmecánico a ponerse traje de escultor. Sin saberlo ese hecho cambiaría su vida gradualmente y lo llevaría a convertirse en el entallador de cabecera de algunos famosos en Colombia como Martín Karpan y Harry Geithner.

HISTORIA DE HIDALGO

Sin embargo, siete años atrás, no todo era color rosa. Su vida no estaba en el mejor momento, el taller donde laboraba estaba en la quiebra, su matrimonio se encontraba al borde del fracaso, no tenía dinero ni para comer, las esperanzas se desvanecían y su negocio no arrancaba.

Entonces decidió, con la poca chatarra que tenía en su casa, comenzar a hacer pequeñas esculturas y comercializarlas. Sin embargo, no veía resultados, nadie compraba sus obras, sin esperanza y agobiado por los problemas, en sus latas encontraba el éxtasis que la vida no lograba darle, por eso jamás abandono su sueño y luchó. Pensaba que su arte era como "la revolución de Hugo Chávez en Venezuela, donde las masas se fueron con él”, dice con una sonrisa.

Después de tantas penurias y desilusiones "la vida me tendría cosas mejores, soy afortunado de hacer lo que me gusta y recibir dinero a cambio" señala, mientras recoge una varilla del piso que se convertirá en una anca de rana.

Javier nunca olvidará aquella tarde en la que conoció en Usaquén a Gustavo Bolívar “mi vida se divide en dos, antes y después de haberme encontrado con este personaje. Él me ha permitido hacer lo que siempre soñé realizar como artista”. Entre las obras elaboradas por Vargas, que superan los dos metros de altura, se encuentran camarógrafos, maquilladores, directores de cine y artistas de rock.

Este artista empírico considera que con un martillo y un yunque, no solo ha forjado figuras sino también, su destino, como en la canción de Nino Bravo 'Un beso y una flor'.

Javier ha visto pasar los días de su vida entre objetos en desuso, caras conocidas y replicas de don Quijote, quien es su hijo consentido, la fuente de su inspiración, el que logró mostrarle que la cliché frase 'sí se quiere se puede' se ha convertido en realidad.

"Y así, sin dar parte a persona alguna de su intención, y sin que nadie le viese, una mañana, antes del día, que era uno de los calurosos del mes de julio, se armó de todas sus armas, subió sobre Rocinante, puesta su mal compuesta celada, embrazó su adarga, tomó su lanza, y, por la puerta falsa de un corral, salió al campo con grandísimo contento y alborozo de ver con cuánta facilidad había dado principio a su buen deseo" . (Tomado del primer capítulo de la obra el ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha).

 

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